Fuente: Muy Interesante
Durante siglos estuvieron a la vista de todos, pero nadie parecía saber exactamente qué eran. Diecisiete fragmentos de manuscritos medievales conservados en Guernsey, una de las islas del Canal de la Mancha, han permitido reconstruir una parte prácticamente desconocida de su pasado cultural. No aparecieron en una excavación ni en el fondo de una iglesia abandonada. Sobrevivieron porque alguien, hace cientos de años, decidió reutilizarlos como cubiertas y encuadernaciones de documentos administrativos.
El hallazgo resulta especialmente llamativo porque, hasta ahora, apenas existían pruebas sobre qué libros circulaban por Guernsey durante la Edad Media. Los fragmentos, datados entre los siglos XII y XV, contienen textos religiosos, obras literarias y escritos de carácter secular. Su variedad dibuja una imagen inesperada de la isla: lejos de ser un territorio culturalmente aislado, parece haber formado parte de las redes de lectura y transmisión de textos que conectaban el noroeste de Europa.
La investigación comenzó de una manera casi accidental. Callum Tostevin-Hall, asistente de los archivos de la isla, buscaba una copia del siglo XVI de la llamada Extente de Guernsey de Eduardo III, un documento relacionado con los derechos de la Corona. En la referencia archivística aparecía mencionada una antigua cubierta de vitela con escritura latina. Al localizarla, quedó claro que aquella pieza no había sido fabricada como simple protección para un cuaderno: procedía de un manuscrito medieval mucho más antiguo.
Ese descubrimiento llevó a revisar otras encuadernaciones y materiales conservados tanto en Island Archives como en los fondos del Greffe de Guernsey. Poco a poco fueron apareciendo nuevas piezas. El resultado fue un conjunto de 17 fragmentos cuyo verdadero valor histórico solo se entiende al observarlos como parte de una misma historia.


