Fuente: Muy Interesante
En algún momento del primer cuarto del siglo XIII, una mujer sentada a su escritorio sumergió el pincel en un recipiente de lapislázuli y aplicó el pigmento azul sobre el pergamino. Ese preciado mineral había recorrido más de 6.000 kilómetros desde las minas de Sar-e-Sang, en la provincia afgana de Badajshán, hasta llegar a sus manos en algún lugar de la región alemana del Alto Rin. La mujer se llamaba Guda y era una monja, una escriba y una talentosa iluminadora.
El testimonio de Guda ha sobrevivido durante siglos en su autorretrato, una inicial decorada en el folio 110v del llamado Homiliario de Guda que se conserva en la Universitätsbibliothek de Frankfurt am Main (MS. Barth. 42). Un estudio multidisciplinar publicado en 2026 en la revista Historical Research, firmado por investigadores de las universidades de St Andrews, Columbia Británica, Gante y Toronto, ha reexaminado este manuscrito combinando análisis paleográfico, análisis histórico y espectroscopía Raman no destructiva.


